| Mauri en el SXXl Hospital del IMSS, haciendo una de sus bromas, en el 2007 |
Un 27 de julio, pero de 2008, acompañamos a Mauri en su último suspiro.
Él ya lo sabía. Nosotros no.
Luchamos hasta la mañana anterior, con la esperanza intacta. Unos días antes había cumplido 15 años. Fue su único cumpleaños triste.
Casualidad, destino, plan divino… no lo sé. Lo que sí sé es que queda la tranquilidad de haber hecho todo lo posible. No había nada en esta tierra que pudiera haber cambiado el desenlace. Dieciocho años después, sigue sin existir una cura para ese tumor. Astrocitoma grado 4.
Hoy también es el Día Mundial del Cáncer de Cabeza y Cuello. Se habla de prevención, y qué importante es hacerlo. Pero algunos tumores cerebrales, como el de Mauri, simplemente no pueden prevenirse. Son de esos misterios que todavía desafían a la medicina.
Julio siempre es un mes especial. El 13 celebramos su cumpleaños y soy profundamente feliz recordándolo, imaginando cómo sería hoy. El 27 nos reunimos para recordarlo y vuelve la memoria de la despedida, de la fragilidad de la vida y de la inmensa impotencia que sentimos entonces.
Con Mauri compartíamos bicicletas, olas, canciones y muchas risas. Cantaba precioso. Tengo pocas fotos de aquellos años; en 2007 todavía no fotografiábamos la vida como ahora. Pero hay recuerdos que no necesitan una imagen para permanecer intactos.
Escuchábamos mucho a Drexler. Hay una frase que siempre me lleva a él: "Tengo tu sonrisa en un rincón de mi salvapantallas". Era una de nuestras canciones favoritas. Y así es. Tengo su voz, su sonrisa, sus enseñanzas y su manera de mirar la vida guardadas en un rincón que el tiempo nunca podrá borrar.
Este año Mauri tendría 33 años. O quizá los tenga en otro lugar, en otra galaxia, en otro estado de existencia. No lo sé. Lo que sí sé es que sigue viviendo en nosotros, en las canciones, en las olas, en las bicicletas y en esa forma tan suya de hacernos reír incluso cuando la vida se ponía difícil.
Gracias por existir, Mauri. ❤️
Gracias Drexler, acompañaste a Mauri durante los 11 meses finales de su vida, muy solitarios y complejos, siempre te escuchaba una y otra vez.

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